El golpe de Estado en Honduras, es un golpe contra todo lo que encarna la ALBA, por lo que la Alianza Bolivariana no sólo es una urgencia histórica sino la vía inexorable para hacerle frente a la crisis estructural del capitalismo

Comandante en Jefe Hugo Chavez Frias
05 de Julio de 2009
Mostrando entradas con la etiqueta Heroes Patrios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Heroes Patrios. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de abril de 2010

A 200 años del 19 de abril 1810


LA LUCHA CONTINUA.

Aunque el 19 de abril de 1810 no fue declarada jurídicamente la Independencia de Venezuela, políticamente se produjo un cambio radical que culminó con la declaración del 5 de julio 1811.

El 19 de abril de 1810 se inició en Caracas el comienzo de una etapa en la historia de Venezuela. En este día, el cabildo de Caracas, con el apoyo de parte del pueblo y de importantes sectores de las fuerzas armadas, tanto de los batallones de veteranos como de milicias, así como de destacados personajes del clero, la sociedad, de los intelectuales, depuso al gobernador y capitán general Vicente Emparan y a los demás altos funcionarios españoles, enviándolos al exilio. Dicho movimiento revolucionario que se llevó a cabo de una manera incruenta, en definitiva tuvo un impacto en los campos político, económico, social y cultural no sólo de Venezuela sino de toda Sudamérica.


Los Sucesos del 19 de abril de 1810

El 19 de abril de 1810 renació la conspiración de los mantuanos, quienes en esta ocasión se habían procurado la cooperación de los batallones veteranos o las milicias, así como el apoyo de los notables, los intelectuales, de parte del clero y otros sectores de la sociedad, y de un núcleo considerable del pueblo.

Una vez eliminada la posibilidad de toda resistencia en la Península, los notables caraqueños concibieron la constitución de una junta similar a las formadas en España a fin de regir los destinos de la provincia.

El capitán general Vicente Emparan, deseoso de ganar tiempo e indeciso ante el camino a seguir, suspendió la sesión del Cabildo y se dirigió a la catedral; sin embargo a las puertas de ésta, uno de los revolucionarios, Francisco Salias, se interpuso y tomando del brazo a Emparan, le conminó a regresar al Cabildo. La actitud de Salias fue ampliamente celebrada por la multitud en general y por un grupo de conjurados; ante la osadía de Salias, los soldados que formaban la guardia del capitán general hicieron un ademán de apercibir sus armas, pero una orden del oficial venezolano que los mandaba, los mantuvo firmes en sus puestos sin intervenir.

Dadas la circunstancias, Emparan regresó al Cabildo, acompañado de los alcaldes, regidores y notables, mientras una multitud invadía la plaza mayor. Al poco tiempo llegaron al Cabildo el abogado Juan Germán Roscio, el canónigo José Cortés Madariaga y otros representantes del pueblo y del clero, quienes se incorporaron a la reunión. Presionado por los factores de poder presentes en el Cabildo de Caracas, Emparan pronunció las palabras que señalaron el principio del fin, por lo menos jurídicamente, del régimen español en Venezuela.

Dirigiéndose al pueblo congregado en la plaza, desde el balcón del cabildo, les preguntó si deseaban que él continuase mandando; ante la respuesta negativa de las personas presentes, exclamó Emparan: "¡ Pues yo tampoco quiero mando!". Luego de esto, quedó establecida la que oficialmente recibió el nombre de Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII.

El mismo 19 de abril de 1810 fue redactada el acta en la cual se consignaba el establecimiento de un nuevo gobierno. En la misma se precisaba que el gobernador y capitán general, el intendente de Ejército y Real Hacienda, el subinspector de artillería y el auditor de Guerra y asesor general, así como la Real Audiencia, quedaban privados del mando que ejercían, a la vez que suprimían esas instituciones.

En consecuencia el Cabildo de Caracas, con sus 2 alcaldes José de Llamozas y Martín Tovar y Ponte a la cabeza, asumió el poder, incorporando en su seno a los representantes del clero, del pueblo y de los pardos, ya mencionados, mientras que el mando militar era confiado momentáneamente al teniente coronel Nicolás de Castro y al capitán Juan Pablo Ayala. El acta del 19 de abril fue firmada por todos los asistentes al Cabildo extraordinario de ese día, incluyendo a los funcionarios españoles depuestos (Vicente Emparan), los que desempeñaron un papel secundario y los que a partir de ese momento asumieron el poder (Tovar, Roscio, Cortés de Madariaga, etc.).

El acta fue leída el mismo día en diversos lugares de Caracas por los escribanos Fausto Viaña y José Tomás Santana, quienes certificaron que la población reaccionó gritando las siguientes consignas: "Viva nuestro Rey Fernando VII, nuevo Gobierno, Muy Ilustre Ayuntamiento y Diputados del Pueblo que lo representan". En definitiva la revolución se llevó a cabo sin derramamiento de sangre. Los funcionarios depuestos fueron conducidos luego a La Guaira y encerrados en las fortalezas o confinados a bordo de buques anclados hasta que se les expulsó.

De acuerdo con el testimonio de uno de ellos, el intendente Basadre, durante el tiempo que estuvo en prisión pudo apreciar como los revolucionarios compusieron e hicieron circular canciones alegóricas de su Independencia, en las cuales convidaban a toda Hispanoamérica a hacer causa común y a tomar a los caraqueños por modelo para dirigir revoluciones" Al parecer, ya entonaban la canción que mucho más tarde fue declarada Himno Nacional de Venezuela: "Unida por lazos/ que el cielo forjó/ la América toda/ existe en Nación/ y si el Despotismo levanta la voz seguid el ejemplo/ que Caracas dio".

En conclusión, aunque el 19 de abril de 1810 no fue declarada jurídicamente la Independencia de Venezuela, políticamente se produjo un cambio radical que culminó con la declaración del 5 de Julio.

Fuente RNV / MinCI


NUESTRO BLOG SE UNE AL JUBILO PATRIO


LA LUCHA CONTINUA



sábado, 6 de febrero de 2010

Los héroes de Ayacucho

Los héroes de Ayacucho

Por: José Félix Díaz (*)

Fecha de publicación: 06/02/10


La batalla de Ayacucho, la más significativa contienda de la guerra de independencia latinoamericana, obra admirable del general Antonio José de Sucre, ilumina la historia de nuestro continente desde las alturas de los Andes peruanos al culminar con sacrificios y con gloria, aquella lucha extraordinaria de los pueblos que en pos de sus libertadores, mayoritariamente gran colombianos, conducidos por venezolanos, pero ecuménica en cuanto representó la presencia de soldados y oficiales de distintos lugares de América y algunos de Europa, héroes todos admirables de nuestra patria.

Allí destaca en aquella mañana extraordinaria del 09 de Diciembre de 1824, Antonio José de Sucre, quien escogió la pampa de Quinua, luego de tantos movimientos entre las serranías del Perú, y quien advertía que en ese campo de sacrificios quedaría trazado el destino de América, esclava o libre, colonia o soberana, monárquica o republicana, y dispuesto sobre la llanura, observó las ubicaciones y desplazamientos de los realistas, posesionados en lo mejor de las alturas, listos para bajar en soberbio galope y enérgica marcha a intentar destruir las columnas patriotas -organizadas y resueltas a enfrentar de una vez a sus enemigos-, la insolencia rebelde de los conmilitones de Bolívar.

Recorría Sucre todas sus filas, observaba a todos sus hombres dispuestos a vivir, dispuestos a morir, arenga a sus tropas con voz de trueno y les habla de las glorias de Colombia, de las de Venezuela, nombra los hechos de armas, recuerda a su patria y a las de todos, llama al dios de la victoria, cita a la gloria de los héroes e invoca el nombre sagrado de Simón Bolívar, quien, según dice, le ha prestado su espada para concretar la colosal empresa de la igualdad humana que comenzó para él en Cumaná y para el Libertador en Caracas, el añorado lar de los héroes eternos, las ciudades providenciales destinadas para que se forjase en sus entrañas los hombres para un mundo nuevo.

¿Y quienes son los héroes…? Entre los venezolanos le acompañan el general de brigada Jacinto Lara, encargado de una de las divisiones; los coroneles José Laurencio Silva y Lucas Carvajal; los comandantes Trinidad Morán, Manuel León (herido en la batalla), Manuel Blanco, José de la Cruz Paredes, Francisco Casanova, Trinidad Portocarrero, Celedonio Medina, Juan Torres (herido), Lorenzo Moncayo, Francisco Torres, Florencio Jiménez (herido), José María Camacaro, Juan Bautista Arévalo, Antonio de la Guerra, José Belois, José Prieto (fallecido), Demetrio Díaz, Pedro Alarcón, N. Barrera, Manuel Medina, Miguel Delgado, Francisco de B. Adarraga; y como oficiales subalternos, más de cincuenta hombres, entre los cuales recordamos a José Escolástico Andrade, Juan Garcés, Vicente Moyano, Francisco Paredes, y entre los fallecidos N. Urquiola, N. Oliva, N. Colmenares, N. Ramírez, y tantos nombres y apellidos más de hombres que desde nuestra patria, desde las costas y montañas, las aldeas y los pueblos, los llanos y los valles, marcharon con Bolívar y Sucre en la insólita epopeya con la que le arrebataron a España y a la Europa monárquica todo un imperio, rico y extenso, prodigo y hermoso, múltiple y singular. .

También figuran entre las divisiones jefes, oficiales y soldados neogranadinos como el valiente José María Córdova, Ignacio Luques, José Leal, León Galindo, el inglés Guillermo Miller, el ecuatoriano José de La Mar, el peruano Agustín Gamarra, argentinos como Francisco de Paula Otero, españoles como Antonio Placencia y Juan Pardo de Zela, ingleses como Arturo Sandes, irlandeses como Francisco Burdett O’Connor, el francés N. Bruix, el norteamericano Félix Jaskan, el alemán Clemente Althan. En el campo, bajo las órdenes de Sucre, estuvieron presentes 4.500 ciudadanos de la Gran Colombia, 1.200 peruanos, 80 argentinos, comandantes: 22 venezolanos, 6 neogranadinos como Pedro Guasch, Antonio Zornosa, Pedro Alcántara Herrán, 8 peruanos como Ramón Herrera, Pedro Chirinos, Ramón Castilla, 1 boliviano como Pedro Blanco, 4 chilenos como José Ramón González, 6 argentinos como Juan de Dios González e Isidro Suárez, el paraguayo N. Alegre, el uruguayo Eugenio Garzón, 5 españoles como Manuel Benavides y Victor Tur (cuyo hermano Antonio Tur era uno de los brigadieres del ejército realista en la batalla), 5 ingleses como Guillermo Fergunsun y Tomas Dusbury, fallecido. Todos ellos símbolos de patriotismo, de sacrificio y pundonor, la lucha hecha pueblo y transformada en gloria y en justicia, en grandeza y en paz.

Y ante el noble y generoso general Sucre quedarían, a sus disposición, un Virrey (Don José de la Serna), un Teniente General, cuatro Mariscales de Campo, diez brigadieres, dieciséis coroneles, setenta y ocho tenientes coroneles, doscientos ochenta y cuatro mayores y oficiales, dos mil cien de tropa…; patrias que nacieron, repúblicas, instituciones, hombres y mujeres libres de ayer, hoy y mañana, el colonialismo y la dominación de pueblos por los pueblos humillados a los pies del Gran Mariscal de Ayacucho y sus soldados triunfantes, glorificados, inmortales, como su jefe, al servicio de la mejor historia de América y de la nueva humanidad grande, libre y digna en medio de los siglos.

(*) Abogado, escritor, autor de la biografía “Sucre, Gran Mariscal de América”.

diaz.bermudez@cantv.net



Nota del Autor: En ocasión a la celebración el 3 de febrero de un aniversario del nacimiento de Antonio José de Sucre, rendimos homenaje al magnánimo y genial héroe con este artículo sobre su magna hazaña militar, la batalla de Ayacucho, ecuménica epopeya mediante la cual se consolidó la independencia de América.


http://www.aporrea.org/ideologia/a94617.html

miércoles, 3 de febrero de 2010

Se conmemoran 215 años del natalicio de Antonio José de Sucre

El Gran Mariscal de Ayacucho

Se conmemoran 215 años del natalicio de Antonio José de Sucre, prócer de la Independencia

Un tres de febrero del año 1795 nace en Cumaná el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, conmemorándose hoy 215 años de su natalicio.


Prensa Yvke Mundial/Venezuelavirtual
Miércoles, 3 de Feb de 2010. 12:15 am

Mariscal de Mariscales


Un tres de febrero del año 1795 nace en Cumaná el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, conmemorándose hoy 215 años de su natalicio.

Sucre es considerado uno de los militares más completos entre los próceres de la independencia suramericana fue un político, estadista y militar venezolano, prócer de la independencia, así como, presidente de Bolivia, gobernador de Perú, General en Jefe del Ejército de la Gran Colombia y Comandante del Ejército del Sur.

Según reseñan las historias sobre él, se puede conocer que nació en el seno de una familia de gran riqueza y distinción dentro de la sociedad, de ascendencia franco-belga por vía paterna y española por vía materna, hijo de un coronel de los Ejércitos Reales.

A los quince años se alistó en el ejército patriota y participó en la campaña del Generalísimo Francisco de Miranda en 1812 contra los realistas, durante la cual ascendió a Teniente. Tras el fracaso de este primer intento libertador se refugió en la isla Trinidad. Luego, en 1813, regresó a Venezuela, casado con la noble dama quiteña Mariana Carcelén, IV Marquesa de Solanda, con quién tuvo una hija, que murió a muy temprana edad: Teresa Sucre y Carcelén, siguió trabajando en el ejército como jefe de batallón.

Combatió bajo las órdenes de Santiago Mariño para la liberación del Oriente venezolano y le tocó formar el Batallón de Zapadores en el Ejército de esta zona del país. En 1817 Santiago Mariño lo nombra Jefe de su Estado Mayor y lo sube al grado de Coronel. Ese mismo año, es designado por Simón Bolívar como gobernador de la Antigua Guayana y Comandante General del Bajo Orinoco, con apenas 22 años ya era reconocido por su fuerza, valor e inteligencia.

A los 24 años fue nombrado General de Brigada. Viaja a las Antillas y ejerce interinamente la cartera de Guerra y Marina. En 1821, el 11 de enero fue nombrado en Bogotá Comandante del Ejército del Sur, además venció a los españoles en las batallas de Yaguachi, Riobamba y Pichincha.

El gobierno de Ecuador y Perú le confiaron el mando de sus fuerzas. El 6 de agosto de 1824 participó en la batalla de Junín y el 9 de diciembre estuvo en la de Ayacucho, combate por el cual Simón Bolívar lo nombra Gran Mariscal de Ayacucho.

En 1825, una asamblea convocada por el Libertador funda la República de Bolivia y nombra a Sucre como presidente vitalicio. En sus dos años de mandato, trabajó en la organización de la Hacienda Pública, promovió la libertad de los esclavos, el reparto de tierras a los indios y trabajó en pro de la educación y la cultura.

En 1828, luego del motín militar de Chuquisaca, decidió retirarse a la vida privada, pues estaba decepcionado por la campaña de descrédito que se emprendió contra Bolívar y su persona, cuando el Congreso decidió que para ejercer la presidencia del país, era necesario haber cumplido los 40 años, lo que hacía que ninguno de los dos pudiera ejercer este cargo. Este tiempo lo aprovechó para reunirse con Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, con quien se había casado el 20 de abril de 1828.

En 1829, Sucre regresa al combate, defendiendo a Colombia, en la batalla de Tarquí. Y en 1830, Antonio José de Sucre es elegido Presidente del Congreso Admirable y le encarga una misión conciliadora entre Venezuela y Colombia. Las tensiones políticas se agravaron. Sucre decidió regresar a Quito para reunirse con su familia, camino a este encuentro, en la montaña de Berruecos, el Mariscal fue asesinado. Sus restos reposan en la Catedral de Quito.

Cabe destacar que, Sucre fue considerado un hombre callado, poco dado a la risa, duro como jefe, pero condescendiente. Era metódico, un buen líder y también se conocía por sus dotes de persona modesta. Llevó a cabo casi todos sus sueños, menos uno: la unión de la Gran Colombia. Fue uno de los mejores amigos de Simón Bolívar, pues lo consideraba un gran consejero, un guía, siempre dispuesto a mediar en los conflictos.

Hoy, cuando se cumplen 215 años de su nacimiento, todos los venezolanos honran su memoria por ser un ilustre prócer venezolano, que permanecerá vivo en el recuerdo, trascendiendo en el tiempo y en el espacio de generación en generación, pues fue un hombre digno de admirar, capaz de obtener grandes triunfos y el respeto y cariño del Libertador Simón Bolívar.


Bolívar y Sucre: Dos espíritus, dos almas, que se cruzan por fortunio y se separan por la muerte

La generosidad de Bolívar y Sucre

No terminaremos estos cuadros, en que aparecen unificados en una acción común los dos más grandes hombres que en el siglo produjo la América intertropical sin consignar algunos de los rasgos más característicos de su proverbial generosidad.

Conocido de todos es el desprendimiento verdaderamente sublime, porque fue real y efectivo, con que el Libertador rehusó el millón de pesos que puso a su disposición el Congreso del Perú como pago contante de su libertad. Pero en los siguientes interesantes rasgos, contados por un testigo presencial, podrá valorizarse cuán espontánea e irresistible en aquellas dos almas era la virtud del desprendimiento personal, sin la cual es imposible que haya un grande hombre cabal.

La llave de la silla de oro de Bolívar

“No pasaron muchas horas —dice, en efecto, el secretario del general Sucre, después de contar la suntuosa entrada del Libertador a La Paz, cabalgando un bridón cochabambino cuajado de oro— cuando una comisión de la Municipalidad vino a presentar atentamente al Libertador una primorosa llave de oro, como figurando que con ella había de abrir esa tarde la puerta del palenque. Cortésmente agradecido al presente, y retirándose que hubo la comisión, anduvo la llave de mano en mano, arrancando justos aplausos por lo delicado y perfecto de su artístico trabajo. En ese momento acertó a entrar en el salón el muy eminente sacerdote D. Pedro Antonio Torres, capellán del Libertador y vicario general del ejército, y como uno de tantos, tomó la llave y elogiaba no sólo el valor, sino lo acabado de la obra. Pidióla en seguida el Libertador, y con una frase fina y jovial, aludiendo a las llaves de San Pedro, le dijo que en ninguna mano estaría mejor que en la suya, y se la obsequió.

“Con tal motivo, recordó los otros objetos que, en testimonio de afección, le habían sido dedicados a su entrada en la ciudad. Inmediatamente ordenó que la áurea montura íntegra fuese llevada a casa del general Sucre para su uso particular. Cuando éste la recibió, dispuso que tal como había venido, fuese acomodada en su cajón, y en su nombre se remitiera al general Lara, que se hallaba en Arequipa, lo que puntualmente fue ejecutado. Suerte semejante cupo a la preciosa guirnalda de oro, que, pasada la solemnidad con que le fue presentada al Libertador, la cedió éste el mismo día al Gran Mariscal de Ayacucho, quien como glorioso y digno monumento la obsequió al insigne general Córdoba.

“Semejantes rasgos de desprendimiento probarán una vez más que si a la altura de las almas elevadas no suben nunca las viles pasiones, como el odio, la venganza, el rencor, la perfidia, menos pueden ser contaminadas por el vicio más sórdido, como es la avaricia: el desinterés, la abnegación, la generosidad, son su noble divisa. La vida de Bolívar y Sucre hacen palpable esta verdad”.

Y esto que dice el buen secretario es una verdad absoluta como la luz. Y sin ir más lejos, véase cuál fue la obra y cuál la fama del sucesor de Sucre en Bolivia, el cicatero Santa Cruz, que por más que diga el deán Valdivia, que le ofreció una vez cigarros, es cosa de tradición constante que nunca los compraba, viviendo del pedido que de ellos hacía a sus ayudantes.

La guirnalda y la pluma de oro del general Sucre

Una demostración análoga a la de Bolívar en La Paz había hecho antes de la llegada de éste al Alto Perú el general Sucre en Cochabamba, dando así tema para esta nobilísima nota, que ofrecemos como un digno modelo a todos los que deseen educar a la juventud en los grandes ejemplos de la virtud, del desinterés y del verdadero patriotismo:

“Potosí, a lº de octubre de 1825.

“A la M. I. Municipalidad de Cumaná:

“En medio de los favores que la fortuna ha querido dispensarme en la guerra del Sur de Colombia y en la del Perú, jamás he tenido sentimientos más agradables que los recuerdos de la tierra de mi nacimiento. Yo no decidiré cuál objeto me ha estimulado más en mis trabajos militares: si el patriotismo, la gloria o el anhelo de buscar la paz con la esperanza de que ella me restituya donde mis amigos de la infancia. Puedo asegurar que Cumaná nunca se separó de mi corazón.

“Después que una espléndida victoria llenó en el Perú los votos del Ejército libertador, con cuyo mando he sido lisonjeado, fue mi sagrado deber presentar memorias de amor y respeto a la República: nuestros trofeos están remitidos al Gobierno Supremo; y satisfecha esta agradable obligación, vuelvo los ojos a mi país para cumplirla también. Pongo, pues, en manos de US. Muy Ilustre una guirnalda de oro que me regal6 Cochabamba al entrar en aquella ciudad; la cual no tiene otro valor que ser el sencillo presente de un pueblo entusiasta por la causa de América, y destinada a un cumanés que ha venido a obtenerla combatiendo constantemente por su libertad, con las armas de Colombia, a dos mil leguas de su patria.

“El colegio de Cochabamba me obsequió una pluma de oro para que mis hijos escribiesen las glorias de Ayacucho: yo la destino con mucho más placer a que con una pluma de oro de Potosí escriban mis paisanos las páginas brillantes que caben a Cumaná en la historia de la Revolución, y los sacrificios heroicos de un pueblo generoso en la guerra de la Independencia.

“Dígnese US. Muy Ilustre aceptar la distinguida consideración conque soy su muy respetuoso y obediente servidor. —A. J. DE SUCRE”.

Y véase cómo estos raros pero fecundos ejemplos descendían al pueblo, al subalterno, al soldado y a todo el ejército. “Y aun criminal omisión culpable —dice a este respecto el autor de los Recuerdos del tiempo heroico— sería dejar de consignar un rasgo de admirable generosidad con que los soldados colombianos de la primera división quisieron agregar un timbre más a las glorias de sus banderas en el primer aniversario de Ayacucho. El Sr. Lara participó al Gran Mariscal que la muy ilustre Municipalidad y propietarios de Arequipa regalaron el 9 de diciembre a los soldados colombianos de su división, vencedora en Ayacucho, mil quinientos pesos, y que la tropa, dando las gracias por este obsequio, solicitó que se le dejase emplear este dinero discrecionalmente. Habiéndosele concedido, los batallones Rifles y Vargas dieron su parte a la Casa de Huérfanos, y Vencedores y Húsares al colegio de educandas”».


http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?42229


Compilado de la biografia del Gran Mariscal de Ayacucho realizado por Aporrea PARTE 3




Canción cumanesa (Alí Primera)


215 años del natalicio del Gran Mariscal de Ayacucho.

Su biografía escrita por Bolívar

PARTE 3

Por: Aporrea.org
Fecha de publicación: 03/02/10


La Capitulacion de Ayacucho, (replica). Datos del original: Autor: Daniel Hernandez (Lima, Peru), año: 1924, Datos de la replica: Autor Jorge Augusto Vergara, Año: 1983.


El General Sucre es el Padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada.

Lima 1825.

Simón Bolívar



HOJA DE SERVICIOS DEL GENERAL ANTONIO JOSE DE SUCRE


GRADOS MILITARES QUE OBTUVO

Nombre de los Grados: Quién se lo acordó: Dónde se los acordaron: Fechas

Oficial de Milicias regladas (1) La Junta Suprema de Cumaná En Cumaná 12 de julio de 1810

Comandante de ingenieros La Junta Suprema de Caracas En Caracas 1810

Teniente Coronel El General Mariño En Güiria enero de 1813

Coronel El Libertador En Guayana 1817

General de Brigada El Dr. Zea, Vicepte. de Colombia En Angostura 1819

General de División El Libertador En Quito 18 de junio de 1822

Gran Mariscal (2) El ------------- En Lima 26 de diciembre de 1824

Gral. en Jefe de Colombia. El Congreso de Colombia En Bogotá 14 de febrero de 1825

(1): Hizo sus estudios matemáticos en Cumaná, bajo la dirección del ingeniero Don Juan Pirez.

(2): El Congreso Peruano el 12 de febrero de 1825, lo hizo Gran Mariscal de Ayacucho.



EMPLEOS MILITARES QUE EJERCIÓ

Nombre de los empleos: Quién se los acordó: Dónde se los dieron - fechas:

Comandante de Ingenieros en Barcelona La Junta Suprema de Venezuela En Caracas – 1810

Ayudante del Generalísimo F. Miranda El Generalísimo Fco. de Miranda Valencia – 1811

Jefe de un batallón de infantería General Santiago Mariño Güiria, enero – 1813

Ayudante del General S. Mariño Oriente, febrero – 1814

Jefe de E. M. del Ejército de Oriente El Libertador El Centro, abril – 1814

Jefe de un Batallón en Oriente General Santiago Mariño Oriente – 1816

Jefe militar del Bajo Orinoco El Libertador Guayana – 1817

Jefe de E. M. del Ejército de Oriente Octubre – 1817

Jefe al servicio en Oriente y Guayana 1819

Jefe de E. M. G. del Ejército Libertador Sabanalarga (Trujillo) Nb. – 1820

Jefe del Ejército del Sur de Colombia En Bogotá, 11 enero – 1821

Comandante Gral. del Dpto. de Quito Quito, 18 junio – 1822

Jefe del Ejército unido de Colombia y Perú Gobierno del Perú Lima, 30 mayo – 1823

Libertador del Perú El Libertador Lima – 1825

Jefe militar de los Dpmtos. del Perú 1825

Jefe del Ejército colombiano (cuando Tarquí) Bogotá - 1828.



CANCION CUMANESA

Letra y Música Alí Primera. Intérprete: Alí Primera

http://usuarios.multimania.es/aliprimera/AliPrimera-Cancion_Cumanesa.mp3



http://www.aporrea.org/actualidad/n150178.html



Nota del Blog: Anexamos a continuación la letra completa de la canción en cuestión:


No canto para alagarte
sino llamarte en esta canción
la cuma, la cumanesa
que el cuatro besa en su galerón

no canto para alagarte
sino llamarte en esta canción
la cuma, la cumanesa
que el cuatro besa en su galerón

la cancion de Salmerón
el que su vida cambió
por un día de lluvia
porque su pueblo moría de sol

la cancion de Salmerón
el que su vida cambio
por un día de lluvia
porque su pueblo moría de sol

¡ay! Sucre cuando te supe
la tierra del Mariscal
quise brindarte este canto
en nombre de Luis Mariano

Montaño y Andres Eloy
y de María la Cantora
del Negro Perucho Cova
estribillo y corazón

la cancion de Salmerón
el que su vida cambio
por un día de lluvia
porque su pueblo moría de sol

la cancion de Salmerón
el que su vida cambio
por un día de lluvia
porque su pueblo moría de sol

Sucre cuando supe
que estuviste en Ayacucho
con tu espada y tu valor
ibas destrozando sendas
para romper las cadenas
que tenía El Ecuador

y tu amistad y tu nobleza
hizo menor la tristeza
de nuestro Libertador
y tu amistad y tu nobleza
hizo menor la tristeza
de nuestro Libertador

pero en Berruecos un día
afinó la puntería
escondida la traición

todavía no te vengamos
pero el pueblo va trochando
en busca de la canción
que se eleve victoriosa
como hermosa mariposa
convertida en tricolor

esta bandera que besa
¡ay! cuma, la cumanesa
el Mariscal del pundonor
esta bandera que besa
¡ay! cuma, la cumanesa
el Mariscal del pundonor

la canción de Salmerón
el que su vida cambio
por un día de lluvia
porque su pueblo moría de sol

la cancion de Salmerón
el que su vida cambio
por un día de lluvia
porque su pueblo moría de sol

la cancion de Salmerón
el que su vida cambio
por un día de lluvia
porque su pueblo moría de sol


Compilado de la biografia del Gran Mariscal de Ayacucho realizado por Aporrea PARTE 2




Canción cumanesa (Alí Primera)

215 años del natalicio del Gran Mariscal de Ayacucho.

Su biografía escrita por Bolívar

PARTE 2

Por: Aporrea.org
Fecha de publicación: 03/02/10

Batalla de Ayacucho Boceto hecho por Herrera Toro

Biografía del General Antonio José de Sucre escrita por El Libertador Simón Bolívar

El General Antonio José de Sucre nació en la ciudad de Cumaná, en las provincias de Venezuela, el 3 de Febrero de 1795, de padres ricos y distinguidos.

Recibió su primera educación en la capital de Caracas. En el año de 1808, principió sus estudios en Matemática para seguir la carrera de ingenieros. Empezada la revolución se dedicó a esta arma y mostró desde los primeros días una aplicación y una inteligencia que lo hicieron sobresalir entre sus compañeros. Muy pronto empezó la guerra, desde luego el General Sucre salió a campaña. Sirvió a las órdenes del General Miranda con distinción en los años 11 y 12. Cuando los Generales Mariño, Piar, Bermúdez y Valdés emprendieron la reconquista de su patria, en el año de 13, por la parte oriental, el joven Sucre les acompañó a una empresa la más atrevida y temeraria. Apenas un puñado de valientes, que no pasaban de ciento, intentaron y lograron la libertad de tres provincias. Sucre siempre se distinguía por su infatigable actividad, por su inteligencia y por su valor. En los célebre campos de Maturín y Cumaná se encontraba de ordinario al lado de los más audaces, rompiendo las filas enemigas, destrozando ejércitos contrarios con tres o cuatro compañías de voluntarios que componían todas nuestras fuerzas. La Grecia no ofrece prodigios mayores. Quinientos paisanos armados, mandados por el intrépido Piar, destrozaron ocho mil españoles en tres combates en campo raso. El General Sucre era uno de los que se distinguían en medio de estos héroes.

El General Sucre sirvió al Estado Mayor General del Ejército de Oriente desde el año de 14 hasta el de 17, siempre con aquel celo, talento y conocimientos que los han distinguido tanto. El era el alma del ejército en que servía. El metodizaba todo; él lo dirigía todo, más, con esa modestia, con esa gracia, con que hermosea cuanto ejecuta. En medio de las combustiones que necesariamente nacen de la guerra y de la revolución, el General Sucre se hallaba frecuentemente de mediador, de consejo, de guía, sin perder nunca de vista la buena causa y el buen camino. El era el azote del desorden y, sin embargo, el amigo de todos.

Su adhesión al Libertador y al Gobierno lo ponían a menudo en posiciones difíciles, cuando los partidos domésticos encendían los espíritus. El General Sucre quedaba en la tempestad semejante a una roca, combatida por las olas, clavando los ojos en la patria, en la justicia y sin perder, no obstante, el aprecio y el amor de los que combatía.

Después de la batalla de Boyacá, el General Sucre fue nombrado Jefe del Estado Mayor General Libertador, cuyo destino desempeñó con su asombrosa actividad. En esta capacidad, asociado al General Briceño y Coronel Pérez, negocio el armisticio y regularización de la guerra con el General Morillo el año de 1820. Este tratado es digno del alma del General Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron; él será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra; el será eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho.

Luego fue destinado desde Bogotá, a mandar la división de tropas que el Gobierno de Colombia puso a sus órdenes para auxiliar a Guayaquil que se había insurreccionado contra el Gobierno Español. Allí Sucre desplegó su genio conciliador, cortés, activo, audaz.

Dos derrotas consecutivas pusieron a Guayaquil al lado del abismo. Todo estaba perdido en aquella época: nadie esperaba salud, sino en un prodigio de la buena suerte. Pero el General Sucre se hallaba en Guayaquil, y bastaba su presencia para hacerlo todo. El pueblo deseaba librarse de la esclavitud: el General Sucre, pues, dirigió este noble deseo con acierto y con gloria. Triunfa en Yaguachi, y libró así a Guayaquil. Después un nuevo ejército se presentó en las puertas de esta misma ciudad, vencedor y muy fuerte. El General Sucre lo conjuró, lo rechazó sin combatir. Su política logró lo que sus armas no habrían alcanzado. La destreza del General Sucre obtuvo un armisticio del General español, que en realidad era una victoria. Gran parte de la batalla de Pichincha se debe a esta hábil negociación; porque sin ella, aquella célebre jornada no habría tenido lugar. todo habría sucumbido entonces, no teniendo a su disposición el General Sucre medios de resistencia.

El General Sucre formó, en fin, un ejército respetable durante aquel armisticio con las tropas que levantó en el país, las que recibió del Gobierno de Colombia y con la división del General Santa Cruz que obtuvo del Protector del Perú, por resultado de su incansable perseverancia en solicitar por todas partes enemigos a los españoles poseedores de Quito.

La Campaña terminó la guerra del Sur de Colombia, fue dirigida y mandada en persona por el General Sucre; en ella mostró sus talentos y virtudes militares; superó dificultades que parecían invencibles; la naturaleza le ofrecía obstáculos, privaciones y penas durísimas: mas a todo sabía remediar su genio fecundo. La batalla de Pichincha consumó la obra de su celo, de su sagacidad y de su valor. Entonces fue nombrado, en premio de sus servicios, general de división e Intendente del Departamento de Quito. Aquellos pueblos veían en él su Libertador, su amigo; se mostraban más satisfechos del jefe que les era destinado, que de la libertad misma que recibían en sus manos. El bien dura poco, bien pronto lo perdieron.

La pertinaz ciudad de Pasto se subleva poco después de la capitulación que les concedió el Libertador, con una generosidad sin ejemplo en la guerra. La de Ayacucho, que acabamos de ver con asombro, no le era comparable. Sin embargo, este pueblo ingrato y pérfido obligó al General Sucre a marchar contra él, a la cabeza de unos batallones y escuadrones de la guardia colombiana. Los abismos, los torrentes, los escarpados precipicios de Pasto fueron franqueados por los invencibles de Colombia. El General Sucre los guiaba, y Pasto fue nuevamente reducido al deber. El General Sucre, bien pronto, fue destinado a una doble misión militar y diplomática cerca de este gobierno, cuyo objeto era hallarse al lado del Presidente de la República para intervenir en la ejecución de las operaciones de las tropas colombianas auxiliares del Perú. Apenas llegó a esta capital, que el gobierno del Perú le instó, repetida y fuertemente, para que tomase el mando del ejercito unido; él se denegó a ello, siguiente su deber y su propia moderación hasta que la aproximación del enemigo con fuerzas muy superiores convirtió la aceptación del mando en una honrosa obligación.

Todo estaba en desorden: todo iba a sucumbir sin un jefe militar que pusiese en defensa la plaza del Callao, con las fuerzas que ocupaban la capital. El General Sucre tomó, a su pesar, el mando. El Congreso, que había sido ultrajado por el Presidente Riva-Agüero, depuso a este magistrado luego que entró en el Callao, y autorizó al General Sucre para que obrase militar y políticamente como Jefe Supremo. Las circunstancias eran terribles, urgentísimas: no había que vacilar, sino obrar con decisión.

El General Sucre renunció, sin embargo, el mando que le confería el Congreso, el que siempre insistía con mayor ardor en el mismo empeño, como que era el único hombre que podía salvar la patria en aquel conflicto tan tremendo. El Callao encerraba la caja de Pandora, y al mismo tiempo era el caos. El enemigo estaba a las puertas con fuerzas dobles: la plaza no estaba preparada para un sitio: los cuerpos del ejército que la guarnecían eran de diferentes estados, de diferentes partidos; el Congreso y el Poder Ejecutivo luchaban de mano armada; todo el mundo mandaba en aquel lugar de confusión, y al parecer el General Sucre era responsable de todo. El, pues, tomó la resolución de defender la plaza, con tal que las autoridades supremas la evacuasen, como ya se había determinado de antemano por parte del Congreso y del Poder Ejecutivo. Aconsejó a ambos cuerpos que se entendiesen y transigiesen sus diferencias en Trujillo, que era el lugar designado para su residencia.

El General Sucre tenía ordenes positivas de su Gobierno de sostener al Perú, pero de abstenerse de interferir en sus diferencias intestinas; esta fue su conducta invariable, observando religiosamente sus instrucciones. Por lo mismo, ambos partidos se quejaban de indiferencia, de indolencia, de apatía por parte del General de Colombia, que si había tomado el mando militar había sido con suma repugnancia y sólo por complacer a las autoridades peruanas; pero bien resuelto a no ejercer otro mando que el estrictamente militar. Tal fue su comportamiento en medio de tan difíciles circunstancias. El Perú puede decir si la verdad dicta estas líneas.

Las operaciones del General Santa Cruz en el alto Perú habían empezado con buen suceso y esperanzas probables. El General Sucre había recibido órdenes de embarcarse con cuatro mil hombres de las tropas aliadas hacia aquella parte. En efecto dirige su marcha con tres mil colombianos y chilenos; desembarca en el puerto de Quilca, y toma la ciudad de Arequipa. Abre sus comunicaciones con el General Santa Cruz que se hallaba en el Alto Perú; a pesar de no recibir demanda alguna de dicho General, de auxilios, dispone todo para obrar inmediatamente contra el enemigo común. Sus tropas habían llegado muy estropeadas, como todas las que hacen la misma navegación; los caballo y bagajes, había costado una inmensa dificultad obtenerlos; las tropas de Chile se hallaban desnudas, y debieron vestirse antes de emprender una campaña rigurosa. Sin embargo, todo se ejecutó en pocas semanas. Ya la división del General Sucre había recibido parte del General Santa Cruz, que la llamaba en su auxilio, y algunas horas después de la recepción de este parte estaba en marcha, cuando se recibió el triste anuncio de la disolución de la mayor parte de la división peruana en las inmediaciones del Desaguadero. Por entonces todo cambia de aspecto. Era, pues, indispensable mudar el plan. El General Sucre tuvo una entrevista con el General Santa Cruz en Monquegua, y allí combinaron sus ulteriores operaciones. La división que mandaba el General Sucre vino a Pisco y de allí pasó, por orden del Libertador, a Supe para oponerse a los planes de Riva-Agüero que obraba de concierto con los españoles.

En estas circunstancias el General Sucre instó al Libertador porque le permitiese ir a tomar el valle de Jauja con las tropas de Colombia, para oponerse allí al General Canterac, que venía del Sur. Riva-Agüero había ofrecido cooperar a esta maniobra más su perfidia pretendía engañarnos. Su intento de dilatarla hasta que llegasen los españoles, sus auxiliares. Tan miserable treta no podía alucinar al Libertador, que la había previsto con anticipación, o más bien la conocía por documentos interceptados de los traidores y de los enemigos.

El General Sucre dio en aquel momento un brillante testimonio de su carácter generoso. Riva-Agüero lo había calumniado atrozmente: lo suponía autor de los decretos del Congreso; el agente de la ambición del Libertador; el instrumento de su ruina. No obstante esto, Sucre ruega encarecida y ardientemente al Libertador, para que no lo emplee en la campaña contra Riva-Agüero, no aún como simple soldado; apenas se pudo conseguir de él, que siguiese como un espectador y no como un jefe del ejército unido; su resistencia era absoluta. El decía que de ningún modo convenía la intervención de los auxiliares en aquella lucha, e infinitamente menos la suya propia, porque se le suponía enemigo personal de Riva-Agüero y competidor al mando. El Libertador cedió con infinito sentimiento, según se dijo, a los vehementes clamores del General Sucre. El tomó en persona el mando del ejército, hasta que el general La Fuente por su noble resolución de ahogar la traición de su jefe, y la guerra civil de su patria, prendió a Riva-Agüero y sus cómplices. Entonces el General Sucre volvió a tomar el mando del ejército; lo acantonó en la Provincia de Huailas, donde se le ordenó; y allí su economía desplegó todos sus recursos para mantener con comodidad y agrado a las tropas de Colombia. Hasta entonces aquel departamento había producido muy poco, o nada al Estado. Sin embargo el General Sucre establece el orden más estricto para la subsistencia del ejército, conciliando, a la vez, el sacrificio de los pueblos, y disminuyendo el dolor de las exacciones militares con su inagotable bondad y con su infinita dulzura. Así fue que el pueblo y el ejército se encontraron tan bien cuanto las circunstancias lo permitían.

Sucre tuvo órdenes de hacer un reconocimeinto de la frontera, como lo efectuó con el esmero que acostumbra, y dictó además aquellas providencias preparatorias que debían servirnos para realizar la próxima campaña.

Cuando la traición del Callao y de Torre-Tagle llamaron los enemigos a Lima, el General Sucre recibió órdenes de contrarrestar el complicado sistema de maquinaciones pérfidas que se extendió en todo el territorio contra la libertad del país, la gloria del Libertador, y el honor de los colombianos. El General Sucre combatió con suceso a todos los adversarios de la buena causa; escribió con sus manos resmas de papel para impugnar a los enemigos del Perú y de la libertad; para sostener a los buenos, y para confortar a los que comenzaban a desfallecer por los prestigios del error triunfante. El General Sucre escribía a sus amigos que más interés había tomado por la causa del Perú, que por la que fuese propia o perteneciese a su familia. Jamás había desplegado un celo tan infatigable; más sus servicios no se vieron burlados: ellos lograron retener en la causa de la patria, a muchos que la habrían abandonado sin el empeño generoso de Sucre. Este General tomó al mismo tiempo a su cargo la dirección de los preparativos que produjeron el efecto maravilloso de llevar el ejército al valle del Jauja por encima de los Andes, helados y desiertos. El ejército recibió todos los auxilios necesarios debidos, sin duda, tanto a los pueblos peruanos que los presentaban como al jefe que los había ordenado tan oportuna y discretamente.

El General Sucre después de la acción de Junín se consagró de nuevo a la mejora y alivio del ejército. Los hospitales fueron provistos por él, y los piquetes que venían de alta al ejército, eran auxiliados por el mismo General; estos cuidados dieron al ejército dos mil hombres, que quizás habrían perecido en la miseria sin el esmero del que consagra sus desvelos a tan piadoso servicio. Para el General Sucre todo sacrificio por la humanidad y por la patria, le parece glorioso. Ninguna atención bondadosa es indigna de su corazón: él es el general del soldado.

Cuando el Libertador lo dejó encargado de conducir la campaña durante el invierno que entraba, el General Sucre desplegó todos los talentos superiores que lo habían conducido a obtener la más brillante campaña de cuantas forman la gloria de los hijos del nuevo mundo. La marcha del ejército unido desde la Provincia de Cochabamba hasta Huamanga, es una operación insigne, comparable quizá a lo más grande que presenta la historia militar. Nuestro ejército era inferior en mitad al enemigo, que poseía infinitas ventajas materiales sobre el nuestro. Nosotros nos veíamos forzados a desfilar sobre riscos, gargantas, ríos, cumbres, abismos, siempre en presencia de un ejército enemigo y siempre superior. Esta corta, pero terrible campaña, tiene un mérito que todavía no es bien conocido en su ejecución: ella merece un Cesar que la describa.

La Batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años, y a un enemigo perfectamente constituido y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos. Ayacucho semejante a Water loo, que decidió del destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla, y contemplarla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el imperio sagrado de la naturaleza.



http://www.aporrea.org/actualidad/n150178.html




Compilado de la biografia del Gran Mariscal de Ayacucho realizado por Aporrea PARTE 1



Canción cumanesa (Alí Primera)
215 años del natalicio del Gran Mariscal de Ayacucho.
Su biografía escrita por Bolívar
PARTE 1

Por: Aporrea.org
Fecha de publicación: 03/02/10


Caracas, 3 de febrero de 2010.- Todos los países Bolivarianos tienen en su horizonte eterno la fecha de hoy.

“Y tu amistad y tu nobleza hizo menor la tristeza de nuestro Libertador…” (Alí Primera)

Dos ciudades son centro de atención: Cumaná, la primogénita, la que le vio nacer, y Quito, la que acoge su corazón de gloria.

Si en verdad “Hacer memoria es hacer Patria” hagamos memoria de esa vida cortada con apenas 35 años, de esa conducta intachable, de esa convicción libertadora y de esa fidelidad sin fin a nuestro Libertador. Son 215 años del natalicio del Redentor de los Hijos del Sol, ejemplo permanete para quienes estamos construyendo la Patria Grande, la Patria Buena.




Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre


Retrato de Antonio Jose de Sucre, Autor: Antonio Herrera Toro, Tecnica: oleo sobre tela, año: 1895. Replica


Museo del Gran Mariscal de Ayacucho (Cumaná Venezuela)


http://www.aporrea.org/actualidad/n150178.html

lunes, 1 de febrero de 2010

193 años del natalicio del general del pueblo Ezequiel Zamora

Líderes campesinos rindieron tributo a Zamora por los 193 años de su natalicio


Foto: Archivo, ABN.

Caracas, 01 Feb. ABN.- En ocasión de los 193 años del natalicio del General del Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora, líderes de movimientos campesinos de distintos estados del país, junto con autoridades gubernamentales, rindieron tributo al dirigente popular y primer caudillo social y revolucionario del siglo XIX, este lunes, en el Panteón Nacional.

En el recinto histórico, los revolucionarios colocaron una ofrenda floral, en un acto presidido por el ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia, Tareck El Aissami, y el vicepresidente de la República, Elías Jaua, entre otras autoridades.

Zamora nació el 1º de febrero de 1817, en la población de Cúa, estado Miranda. Fue un militar y político venezolano, uno de los principales protagonistas de la Guerra Federal (1859-1863), líder que propugnaba una extensa reforma agraria a favor de los campesinos.

El General del Pueblo fue, en primer lugar, campesino y se convirtió luego en militar, dirigente popular y en el primer caudillo social y revolucionario del siglo XIX, siendo el gran heredero del legado idealista del Libertador Simón Bolívar.

Zamora hoy sirve de nutriente y de sustento al proyecto socialista bolivariano, inspirado en este gran líder, campesino, y luchador por la libertad.

El presidente de la República, Hugo Chávez Frías, lo considera uno de los pensadores y actores socialistas de mayor raigambre popular y que hoy sirve de nutriente y de sustento al proyecto socialista bolivariano, zamorano, inspirado en este gran líder, campesino, y luchador por la libertad.

Zamora fue un líder de destacada participación en la Guerra Federal o Guerra Larga (1859-1863), como defensor de la idea de la Federación; se caracterizó por hacer suyas cualidades de los personajes liberales de su tiempo.

Su niñez la pasó en una población convulsionada por las luchas independentistas. Una vez que se trasladó hasta Caracas para cursar estudios en la escuela de Lancaster, su única educación formal, se percató de la situación política en Europa y fijó en ella su atención.

Parte de su formación académica se basó en el mundo de la Filosofía Moderna y los fundamentos de Derecho Romano, en los que descubrió y profundizó en los principios de la igualdad y la necesidad de su ejecución en el país.

Se unió al Partido Liberal y luego se presentó a las elecciones de 1846 como candidato a elector por el cantón de Villa de Cura, pero su nominación fue objetada por los conservadores, situación que lo motivó a declarar su guerra en favor de los pobres.

Fue el 7 de septiembre de 1846 cuando el General del Pueblo Soberano se levantó en armas en la localidad de Guambra, con las consignas Tierra y hombres libres, Respeto al campesino y Desaparición de los godos.

Tras varias batallas en las cuales resultó triunfador, fue derrotado y capturado el 26 de marzo de 1847 y condenado a muerte el 27 de julio de ese mismo año, pero José Tadeo Monagas le condonó la pena. Zamora murió en San Carlos, estado Cojedes, el 10 de enero de 1860.


http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=218164&lee=4



Otra noticia asociada a la fecha:




Conmemorado 193 años del natalicio de Ezequiel Zamora

Lunes, 01 de Febrero de 2010 09:42

(Redacción/MPPRIJ/1 Febrero 2010)


El ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia, Tareck El Aissami, junto al vicepresidente de la Republica, Elias Jaua, ofrecieron una ofrenda floral al líder campesino revolucionario Ezequiel Zamora, con motivo de cumplirse 193 de su natalicio.

El acto se realizó en el Panteón Nacional donde ministros y líderes de movimientos campesinos de distintos estados del país estuvieron presentes en el acto protocolar.

Recordemos que hace 193 años nació en Cua, estado Miranda, un líder campesino revolucionario, dirigente popular y militar, Ezequiel Zamora, exactamente un primero de febrero de 1817.

Zamora fue un líder de destacada participación en la Guerra Federal o Guerra Larga (1859-1863) como defensor de la idea de la Federación.

El líder Zamorano se convirtió en dirigente regional del naciente partido Liberal, y en lector y difusor de la prensa de oposición. La crisis imperante se agudizo a partir de 1843, por lo que los alzamientos espontáneos de los campesinos llevarían a Zamora a asumir su liderazgo.

Zamora encabezó en 1846 un levantamiento en la localidad de Gumba, bajo las consignas de "Tierra y hombres libres", respeto al campesino, eliminación de los godos y justa distribución de la riqueza, siendo conocido como "General del Pueblo Soberano".

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, lo considera uno de los pensadores y actores socialistas de mayor raigambre popular y que hoy sirve de nutriente y de sustento al proyecto socialista bolivariano, zamorano, inspirado en este gran líder, campesino, y luchador por la libertad.

“En Zamora no sólo se acendraba la lucha de clases de modo instintivo, como podría interpretarse, por ejemplo, en la rebelión popular de 1814, sino que a la conciencia de clase la acompañaba la conciencia de nacionalidad, la consolidación de la Patria como territorio y, sobre todas las cosas, la herencia de la Patria bolivariana: patria popular y justa, vejada y traicionada por los antiguos aliados del Libertador”, expresó el Jefe de Estado en Las Líneas de Chávez del 10 de enero de 2010.



(Prensa/MPPRIJ/Luiselen Rozo/Foto: Miguel Escalona)


http://www.mij.gov.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=1750

Monografia (Aporrea) sobre el general Ezequiel Zamora

Análisis de su obra como homenaje a los 193 años de su natalicio

General Ezequiel Zamora: No habrá pobres ni ricos, ni esclavos ni dueños, ni poderosos ni desdeñados...

Por: Aporrea.org

Fecha de publicación: 31/01/10

El General del Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora
Credito: Archivo

Caracas, febrero 1 - El Pasado 10 de enero se cumplieron 150 años del asesinato del General del Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora y este 1ero de febrero de 2010 se cumplen 193 de su natalicio. Zamora sólo vivió 43 años.

Nació en Cúa, estado Miranda, siendo hijo de Alejandro Zamora y de Paula Correa.

En su juventud se estableció en Villa de Cura, estado Aragua, donde abrió una tienda de víveres, y la prosperidad le acompañó.

Politicamente se inclinó en un comienzo por el liberalismo de Antonio Leocadio Guzmán, pero luego, y ante la radicalización de los alzamientos campesinos, encabezó en 1846 un levantamiento en la localidad de Gumba, bajo las consignas de "tierra y hombres libres", respeto al campesino, eliminación de los godos y justa distribución de la riqueza, siendo conocido como "General del Pueblo Soberano". Al mando de un ejército campesino libró varios combates victoriosos; capturado, fue condenado a muerte pero se salvó al fugarse de la cárcel.

En la Guerra Federal su ascendencia militar sobre las tropas le permitió desarrollar una campaña exitosa contra las fuerzas centralistas. Obtuvo diversas victorias, y en San Felipe reorganizó la provincia como una entidad federal con el nombre de Estado Yaracuy; continuó hasta Barinas, donde en 1859 recibió el título de Valiente Ciudadano.

Triunfante en la decisiva batalla de Santa Inés, Zamora se dirigió en 1859 hacia el centro del país; en el asalto de la ciudad de San Carlos recibió un balazo en la cabeza que le causó la muerte.

Hoy habrá actos en su homenaje y resulta imperioso estudiar el entorno de la vida y obra de Zamora y de la Guerra Federal porque, como bien dice el presidente Hugo Chávez, no tendremos futuro si no estudiamos nuestro pasado histórico para comprender nuestro proceso revolucionario.

Retomamos para la lectura y el análisis un extraordinario documento publicado en nuestra página, Aporrea, el 17 de agosto de 2003 y que conviene volver a leer.



Ezequiel Zamora y las luchas populares por una revolución democrática

Por: Roberto López (*)



INTRODUCCIÓN.

La estructura económica y social existente durante el período colonial no sufrió mayores modificaciones con el proceso de independencia y la instauración de la República. Esta estructura, agroexportadora y monoproductora, estaba basada en la explotación de la mano de obra esclava en las grandes plantaciones cacaoteras, y en la explotación del trabajo de los peones en las haciendas ganaderas. Las relaciones sociales coloniales, incluyendo a la esclavitud, fueron ratificadas con la Constitución de 1830. La oligarquía criolla se valió de los esclavos y mestizos para poder conquistar la guerra de independencia, pero una vez concluida la misma se propuso restablecer el sistema de dominación en el cual ellos debían jugar el papel hegemónico. Uno de los cambios sociales más significativos se produjo con la incorporación de los caudillos militares a la oligarquía dominante, en su condición de grandes terratenientes[1] y poseedores de buena parte del poder político. El otro cambio fue el duro golpe que sufrió el sistema esclavista durante la independencia[2], pues pese a que el mismo se mantuvo vigente hasta 1854, la oligarquía nunca pudo restablecer el grado de dominación social que tenía durante la colonia.

No obstante, la independencia dejó sin resolver gran parte de las desigualdades sociales que anidaban en la sociedad colonial. Consecuencia de ellos fueron las luchas sociales que estallaron durante la década de 1840, y el posterior desarrollo de la Guerra Federal. La rebelión urbana del pueblo caraqueño manifestado en las acciones del 9 de febrero de 1844[3] y del 24 de enero de 1848[4], junto a la insurrección campesina desarrollada en 1846-47 en la zona central del país, reflejaron un descontento que ya estaba implícito en la conspiración de negros y mestizos de Caracas en 1831[5].

Cuando Ezequiel Zamora proclamó la Federación el 20 de febrero de 1859, volvía a resurgir el ansia igualitaria que el pueblo venezolano había demostrado a través de gestas heroicas de lucha como la de los Comuneros de los Andes en 1781, la de José Leonardo Chirinos en 1795, la de Gual y España en 1797, la de Francisco Javier Pirela en 1799 y las insurrecciones de esclavos en 1812-1814. Zamora significaba el líder al fin encontrado para canalizar todo un deseo de democracia e igualación social que surgió durante el proceso de descomposición de la sociedad colonial.

Considerar hoy, en 1999, la figura histórica de Ezequiel Zamora, es una forma de rescatar la memoria de las luchas populares y de sus líderes, aunque no hayan obtenido triunfos significativos. Ahora que se abre un proceso de cambios en la historia venezolana, consideremos la experiencia de lucha social que nos dejó el pasado, como una forma de encontrar las raíces de la corriente histórico-social democrática y revolucionaria, al mismo tiempo que nos precavemos para no repetir los errores que en su momento truncaron las aspiraciones del pueblo.

La historia de Venezuela refleja de manera permanente el espíritu de lucha del pueblo y su deseo de conquistar una sociedad igualitaria y democrática, desde el mismo momento en que Guaicaipuro se alzó en armas tratando de expulsar de estas tierras al conquistador español. El proceso de lucha popular que culminó momentáneamente con la muerte de Zamora durante la Guerra Federal, resurgió años después en un contexto urbano, ya en la sociedad petrolera del gomecismo. La corriente histórico-social democrática y revolucionaria renació en el año 28 y dio origen a la actual democracia representativa, en cuya agonía ha vuelto a resurgir un movimiento popular de cambio que ha permitido el triunfo electoral de Hugo Chávez, abriendo una esperanza transformadora a partir del proceso constituyente que empieza a nacer[6]. Recordar la gesta histórica de Ezequiel Zamora, cuyos ideales han inspirado la conformación del movimiento bolivariano revolucionario, es actualizar su proyecto transformador y su ejemplo de sacrificio por la causa del pueblo.

1.LAS REBELIONES URBANAS Y CAMPESINAS DE LOS AÑOS 40 :

La década de los 40 significó el resurgir de las contradicciones sociales que no habían quedado resueltas luego del proceso de independencia. La aparición del periódico “El Venezolano”, el 24 de agosto de 1840, dirigido por Antonio Leocadio Guzmán y alrededor del cual se va a organizar la Sociedad Liberal o Partido Liberal, favoreció indirectamente la incoporación de las masas populares a la lucha política que se escenificaba en el país. El Partido Liberal se constituyó como represente de la oligarquía terrateniente que, a lo largo del período hegemonizado por José Antonio Páez, fue desplazada progresivamente del poder que compartía con los sectores que dominaban el comercio y las finanzas. Al criticar la política económica desarrollada por los gobiernos paecistas, los liberales tenían que difundir las difíciles condiciones de vida de las grandes mayorías sociales, y al hacer esto agitaban de nuevo los anhelos igualitarios que Boves y Bolívar habían promovido en su tiempo.

Al profundizarse en 1842-43 la crisis económica debido a la baja de precios de los productos exportables, el descontento popular comenzó a manifestarse en una serie de eventos que condujeron al colapso del régimen paecista. El 9 de febrero de 1844 el pueblo de Caracas, movilizado ante el tribunal que enjuiciaba a Antonio Leocadio Guzmán por sus críticas al Banco Nacional, logró bajo presión que Guzmán fuera absuelto de los cargos que se le imputaban. En las elecciones municipales de 1844, los liberales triunfaron en el Cantón Caracas, aunque pierden en el resto del país. El 6 de julio de 1846 se produjo un alzamiento de los caleteros del puerto de La Guaira. Finalmente, en septiembre de 1846, estalla una insurrección campesina y antiesclavista en los llanos centrales, dirigida por Francisco José Rangel y Ezequiel Zamora.

Ezequiel Zamora, joven comerciante de 29 años para 1846, acababa de ser electo concejal en Villa de Cura, como candidato de los liberales. Dicha elección fue anulada por el ejecutivo, al igual que en todos los casos del interior del país en los cuales los resultados electorales significaron derrotas gubernamentales[7]. Ante esta situación, se comenzaron a difundir llamados a la rebelión armada entre las filas liberales. El 1º de septiembre estalló la primera sublevación liberal, al alzarse en la Sierra de Carabobo Francisco Rangel, campesino mestizo y antiguo soldado de las tropas llaneras del general Zaraza en la Guerra de Independencia. Antonio Leocadio Guzmán se opuso a la rebelión armada y buscó entablar negociaciones con Páez. Zamora y otros, descontentos ante la actitud de Guzmán, deciden incorporarse a la rebelión campesina. Pero la inexperiencia militar de Zamora favoreció su pronta derrota ante las fuerzas militares paecistas, comandadas por veteranos de la independencia. No obstante, las guerrillas liberales se mantienen durante varios meses, siendo Zamora el último liberal en ser derrotado y capturado, en marzo de 1847.

La insurrección campesina de 1846-47 no contó con el apoyo de los principales jefes del Partido Liberal, comenzando por el mismo Guzmán. Tal vez por esta causa se vio reducido su poder de convocatoria hacia las grandes masas populares que apoyaban a los liberales. Tampoco fue capaz de extenderse a otras regiones del país como el Oriente, Barquisimeto, Coro, Zulia y los Andes. Sin embargo, el espíritu de lucha social se revitalizó, con el surgimiento de líderes que, como Ezequiel Zamora, jugarían un papel destacado en la década siguiente. Al mismo tiempo, la rebelión liberal campesina contribuyó a minar las bases en que se sustentaba el poder conservador de Páez, propiciando los acontecimientos del 24 de enero de 1848, cuando el asalto popular al Congreso significó el colapso del poder hegemónico paecista. El siguiente período en el cual la familia Monagas ejerció el control del poder político, atenuó momentáneamente las contradicciones sociales gracias al apoyo inicial que los liberales le dieron a su gobierno.

2. LA GUERRA FEDERAL Y EL LIDERAZGO DE EZEQUIEL ZAMORA.

“No habrá pobres ni ricos, ni esclavos ni dueños, ni poderosos ni desdeñados, sino hermanos que sin descender la frente se traten bis a bis, de quien a quien”.

Ezequiel Zamora (correspondencia, Barinas, 12/12/1859)[8].

El estallido de la Guerra Federal en 1859 fue más que una lucha por la implantación del sistema federal de gobierno[9], y se manifestó principalmente como una insurrección campesina que planteaba las mismas aspiraciones de las rebeliones de esclavos en 1812-1814. Su antecedente más inmediato lo constituyó la rebelión campesina de 1846-47, en la cual había tenido destacada participación el mismo Ezequiel Zamora. La guerra federal significó el epílogo de este terremoto social que se desató en el proceso de disolución del sistema colonial español en Venezuela.

Como plantea Armas Chitty,

“la Federación completó la guerra de independencia, pues la misma ansia igualitaria que pregonaban los soldados de Zamora, los encarbonados de Espinoza y los llaneros desnudos de Zoilo Medrano puede apreciarse en los mismos llaneros que llevaba Boves al combate”[10].

O como dijo Vallenilla Lanz :

“Zamora, por su gran pericia militar, por su desprendimiento, por su heroísmo, por la dureza de su carácter y por el influjo que tuvo en nuestras masas populares, a nadie más que a Boves puede comparársele...” (1994 : 193).

Los objetivos de la insurrección campesina que se desarrolló desde el 20 de febrero de 1859 y que estuvo encabezada por Ezequiel Zamora se referían a la igualación de las clases sociales, el reparto de tierras, supresión de contribuciones, echar del gobierno a los opresores y terminar con la oligarquía. Como bien dice Brito Figueroa, para las masas campesinas ese era el verdadero significado de la palabra Federación (o Feberación, como erróneamente decían los campesinos analfabetos). Se ha argumentado que estos objetivos no aparecen en los programas principales de la Federación, aunque sí aparecen en multitud de cartas, proclamas, alocuciones y órdenes generales de Zamora[11] y de sus más inmediatos colaboradores. Compartimos aquí la opinión de Brito Figueroa, al decir que dichos programas eran producto de acuerdos entre las fracciones del liberalismo, es decir, de acuerdos entre los revolucionarios zamoristas y los conciliadores seguidores de Falcón y Guzmán Blanco ; esto explicaría la ausencia de las principales consignas de Zamora[12] en dichos programas (Brito, 1981: 472). Carlos Irazábal establece la misma conclusión :

“Para el vasto campo popular, federación estaba muy lejos de ser sólo autonomía provincial. Era igualdad, era tierra, era libertad. Federación era venganza y retaliación. Era estallido anárquico y violento en contra de la opresión ancestral, la secular opresión, la vieja discriminación, cuyas raíces se anclaban en los tiempos coloniales” (Irazábal, 1980 :248).

Para Zamora la Federación implicaba una profunda democratización de la sociedad. Sus palabras de febrero de 1859 son muy elocuentes a este respecto : “La Federación encierra en el seno de su poder el remedio de todos los males de la patria. No. No es que los remedia, es que los hará imposibles...Volveremos la espalda, ya para siempre, a las tiranías, a las dictaduras, a todos los disfraces de la detestable autocracia” (Landaeta, 1961 : 286). Zamora significó un liderazgo diferente al ejercido por los caudillos tradicionales que surgieron en Venezuela a lo largo del siglo XIX[13] ; Zamora representaba los genuinos intereses de las masas campesinas, de los desposeídos, que nuevamente enarbolaban la “guerra social” que había desatado Boves en 1813, con el fin de destruir el poder político y económico de la oligarquía, y construir en cambio una nueva sociedad basada en los principios políticos del liberalismo burgués, cuyo respeto y aplicación estricta, pensaba Zamora, permitirían la felicidad del pueblo[14].

En la Guerra Federal coexistieron dos intereses en el bando liberal[15] : unos, que deseaban promover la constitución de un régimen de libertades formales, democrático burgués, que limitara el poder que hasta el momento había mantenido la oligarquía heredera de los mantuanos de la colonia; este sector estaba integrado en lo fundamental por personajes ilustrados y que pertenecían a sectores sociales poseedores (sobre todo terratenientes), y estaba liderizado por Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco. Los otros, la mayoría, los campesinos y algunos intelectuales radicalizados, que pregonaban las reivindicaciones igualitarias que permanecían sin cumplirse desde la guerra de independencia ; esta era la fracción que encabezaba Ezequiel Zamora.

Los principios liberales de la federación, compartidos por Zamora, pueden analizarse en el pronunciamiento de la ciudad de Barinas, luego que ésta fuera ocupada por las fuerzas militares de Zamora el 18 de mayo de 1859 (Castillo, 1996 : 14). En dicho pronunciamiento se establecen como “principios del Gobierno Federal” lo siguiente :

“La abolición de la pena de muerte. Libertad absoluta de la prensa. Libertad de tránsito, de asociación, de representación y de industria. Prohibición perpetua de la esclavitud. Inviolabilidad del domicilio, exceptuando los casos de delitos comunes judicialmente comprobados. Inviolabilidad de la correspondencia y de los escritos privados. Libertad de cultos... Inmunidad de la discusión oral de todas especies. Inviolabilidad de la propiedad. Derecho de residencia a voluntad del ciudadano. Independencia absoluta del Poder Electoral, que ni antes de su ejercicio ni después de él dependa de ninguno de los funcionarios de los demás ramos de la administración. Elección universal, directa y secreta del Presidente de la República, del Vicepresidente, de todos los legisladores, de todos los magistrados de orden político, y de todos los jueces. Creación de la milicia armada nacional. Administración de justicia gratuita en lo secular. Abolición de la prisión por deuda. Derecho de los venezolanos a la asistencia pública en los casos de invalidez o escasez general. Libertad civil y política individual ; consciente primero en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley ; y segundo, en la facultad de hacer sin obstáculo todo lo que la ley no haya expresamente calificado de falta o delito. Seguridad individual : prohibición del arresto o prisión sino por causa criminal precedida evidencia de la comisión de un delito, y los indicios vehementes de la culpabilidad” (Landaeta, 1961 : 321).

Como se puede ver, son cuestiones fundamentales de la democracia burguesa que aún hoy muchas de ellas no se cumplen en Venezuela. Por ejemplo, lo referido a la elección popular de los jueces, a la gratuidad de la administración de justicia, a la independencia del poder electoral, la seguridad social, etc. El hecho de que haya pasado más de un siglo y aún no se haya ejecutado a plenitud dicho programa democrático burgués, revela fehacientemente el carácter revolucionario de dichas propuestas al ser enarboladas por el movimiento insurreccional campesino que encabezó Zamora.

No compartimos la opinión de Carrera Damas al establecer que el “Programa de Zamora era una mezcla abigarrada de ideas conservadoras con supuestos propósitos revolucionarios populares” (1985 :21) ; y que en contraste, el “Programa de Falcón” expresaba en términos inequívocos la naturaleza del radical cambio sociopolítico que perseguía la federación (p.23). Carrera Damas se limita aquí a valorar las propuestas democrático-burguesas que institucionalizó la federación con la Constitución de 1864 (y que él considera que recoge la “formulación definitiva del proyecto nacional venezolano”,ob.cit.,p.27). Al mismo tiempo, sugiere que las propuestas revolucionarias del Programa de Zamora “no eran alcanzables” (idem). Pero olvida considerar que más allá de la lucha por implantar los principios liberales, la Guerra Federal era una lucha contra las clases dominantes[16], por aniquilar su poder económico y político, objetivo que se puso al alcance de las fuerzas militares de Zamora luego de la batalla de Santa Inés, en diciembre de 1859[17]. Su inmediata muerte, en enero de 1860, y la inoperante conducción militar de Falcón, que condujo a la vergonzosa derrota de Coplé, el 17 de febrero de 1860, impidió la inminente y aplastante victoria federal que se había anunciado gracias al genio militar de Zamora en Santa Inés[18]. Esta es la realidad de los hechos, el triunfo de la insurrección campesina era perfectamente realizable, y con él, muchas de sus consignas como la de “horror a la oligarquía”, “igualación social”, y el “imperio de la mayoría”. Es obvio que no podía esperarse la instauración de un régimen democrático popular, inexistente en ese momento en país alguno, en una sociedad agraria como la nuestra. Lo más probable es que el eventual triunfo de Zamora hubiera conducido a la consolidación de una nueva clase dominante, pero el dinamismo que hubiera aportado al desarrollo del país pudo haber sido mucho mayor al que desarrollaron los liberales timoratos como Falcón y Guzmán. Probablemente nuestro desarrollo dependiente y subordinado al imperialismo extranjero hubiera tenido facetas más favorables a los intereses nacionales y populares.

La prematura muerte de Zamora, el 10 de enero de 1860, favoreció que finalmente prevalecieran quienes deseaban un cambio puramente formal, el cual se concretó con la firma del Tratado de Coche, el 24 de abril de 1863. Con este tratado se concretó un simple cambio de opresores en el gobierno, sólo que en lugar de conservadores y constitucionalistas, se proclamaron liberales y federales. Pero la estructura económica, la que constituía el fundamento material de la oligarquía, continuó intacta, y al lado de los viejos apellidos que controlaban la riqueza territorial agraria, monopolizaban el comercio y la usura, comenzaron a figurar apellidos de origen “oscuro” (Brito Figueroa, ob.cit., p.478).

Al igual que en 1814, la muerte del líder que guiaba el movimiento revolucionario de las masas, Ezequiel Zamora, dejó inconclusas las aspiraciones del campesinado. La Federación bajo la conducción de Falcón y Guzmán Blanco terminó siendo una caricatura de lo que originalmente había delineado Zamora. Nuevamente, la ausencia de un sólido liderazgo colectivo que continuara la lucha cercenó las posibilidades de triunfo de los desposeídos. Sobre la personalidad de Zamora[19], mencionemos aquí la opinión de uno de sus lugartenientes, Emilio Navarro, y hagamos de paso la comparación con los “líderes” actuales de nuestra democracia, en los cuales pareciera cosa común la ausencia total de principios y de ideales de justicia social :

“El General Ezequiel Zamora era un soldado verdadero, valiente, ... incapaz de cometer ningún atentado... Era Zamora por lo natural agradable de trato, afable con las familias sin que aspirase de ellas lo más pequeño en su perjuicio ; no podía ser indiferente con sus amigos de campaña, los que prestaban servicios de buena fe a la causa de la Federación. Liberal doctrinario, generoso y de buenos sentimientos, acérrimo enemigo de la mentira, odiaba en sumo grado a los ladrones ; cruelmente despreciaba las engañifas ; jamás ofrecía sin cumplir religiosamente ; trataba con marcadas demostraciones de respeto a sus propios enemigos políticos que se distinguiesen por méritos dignos, aunque fuesen sus prisioneros... amigo generoso del débil. En los golpes de la adversidad mostrábase con carácter inflexible, valor, constancia y perseverancia ; ...conocía en sumo grado a los políticos de Venezuela en sus aspiraciones, a los calculistas y tránsfugas. Consecuente con sus amigos, cualquiera fuese su rango social, sólo a ellos hablaba con franqueza y les daba sus consejos...” (Navarro, 1976 : 121-122).

Zamora, con sus acciones, llegó a infundir verdadero terror a la oligarquía. Al ocurrir su muerte, el alivio que sintieron fue tal que Juan Vicente González llegó a escribir : “Bala afortunada. Bendita sea mil veces la mano que la dirigió”. Opiniones así nunca fueron dirigidas en cambio a otros connotados jefes federalistas como Falcón y Guzmán Blanco. La causa era que Zamora no representaba exclusivamente los ideales federales y liberales ; principalmente defendía la causa de los desposeídos, su guerra era una guerra contra los poderosos, contra los oligarcas en general, y su objetivo era la igualdad social, objetivo difuso que correspondía al imaginario de la época en una sociedad agraria como la nuestra.

En contraste con la imagen que de Zamora tenían los jefes federales, Juan Crisóstomo Falcón no queda muy bien parado ante la historia. Héctor Mujica dice al respecto : “Es bien claro desde el comienzo que tanto Falcón como Guzmán Blanco representan la conciliación, la posibilidad de un entendimiento con el enemigo” (Mujica, 1982 :122). El mismo Emilio Navarro dice sobre él lo siguiente :

“Por el conocimiento que tuve del General Juan Crisóstomo Falcón desde sus primeros días en la política, comprendí que este jefe era sumamente superfluo en la línea política...mi padre, el Coronel Carlos Navarro, como el modesto y sabio José Melitón Toledo andaban en pos de él, evitándole una multitud de flaquezas que diariamente cometía Falcón en Coro, con los enemigos del partido liberal, uniéndoseles en sus complots, ofreciéndoles sus servicios, méritos y prestigios a sus propios enemigos. Sólo con la ambición de figurar representaba este tristísimo papel, que los legítimos liberales trataban de disimular” (ob.cit.,p.108).

Es de resaltar que Falcón fue acusado en su momento por una buena parte de los jefes federales de ser el responsable directo de la muerte de Zamora[20]. Brito Figueroa en su obra Tiempo de Ezequiel Zamora asume estas acusaciones, y concluye que Zamora fue asesinado por un espaldero de Falcón, de apellido Morón[21]. Según otro jefe federal, el Coronel Joaquín Rodríguez, afirmaba que Guzmán Blanco, disgustado con Falcón en una ocasión, afirmó que este era responsable directo del asesinato de Zamora[22]. De todo lo anterior se concluye que el triunfo de la Guerra Federal no fue en modo alguno el triunfo de la causa por la que luchaban los campesinos alzados bajo el mando de Zamora. Una vez más, al igual que en la guerra de independencia, las aspiraciones de los desposeídos quedaban inconclusas, y lo más que se alcanzó fue la formalidad de las leyes, situación que, guardando la distancia en el tiempo, se mantuvo en nuestra cuestionada democracia representativa puntofijista, basada en los mismo principios liberales que “defendían” personajes como Guzmán Blanco y Falcón[23].

La esencia del Tratado de Coche fue la de acabar con la insurrección campesina que amenazaba seriamente la estabilidad de las clases dominantes[24]. A este respecto Carrera Damas, en su afán de defender el proyecto nacional burgués, plantea que

“el Tratado de Coche es un paso coherente en la dirección fundamental seguida por la clase dominante desde 1811-1812, y tal consistía en restablecer y consolidar la estructura del poder interna, desquiciada primero por las guerras de independencia y amenazada luego de definitivo colapso por la Guerra Federal. Fue la conciencia de esta posibilidad inminente lo que condujo a poner término a la contienda”. (Carrera Damas, 1985 :27).

Sin embargo, el triunfo de la federación terminó de destruir el complejo material e intelectual de la colonia (Irazábal, 1980 :254). Por ser algo más que un enfrentamiento entre poderes y proyectos políticos, la federación tuvo hondas repercusiones sociales, pues las reclamaciones federalistas fueron identificadas con la lucha contra la opresión en sentido global, en lo económico, político y social (Banko, 1996 : 191). La federación tuvo una amplia significación para la sociedad venezolana de la época, pues no fue solamente un modelo político para la organización de la República, sino que se convirtió en sinónimo de libertad para los sectores desposeídos. Lo que se inició como un enfrentamiento por el poder político entre dos fracciones de las clases dominantes, se convirtió en una auténtica guerra social contra la opresión de las clases oligárquicas. La Revolución Federal tuvo como una de sus principales consecuencias el consolidar las bases del igualitarismo social que caracteriza a la sociedad venezolana actual (Pérez Arcay, 1977: 166). La derrota militar y política de los godos (derrota que fue sólo parcial) permitió el desarrollo posterior de ese sentimiento igualitarista, aunque en términos socioeconómicos haya surgido una nueva oligarquía dirigente que se apoderó de las tierras y de las instituciones financieras y comerciales. Carlos Irazábal resume así las consecuencias de la guerra federal :

“Pero a pesar de todo la Federación tuvo sus aspectos positivos. El conservatismo quedó herido de muerte ... la preeminencia de la oligarquía conservadora implicaba lógicamente que fuese suya la ideología dominante y, como es sabido, estaba saturada de prejuicios aristocráticos, étnicos, etc., que impedían la democratización de las relaciones entre los hombres. La Federación, al violentar esos prejuicios, democratizó las relaciones familiares, las añejas costumbres, los exclusivismos nobiliarios heredados de la Colonia ... en ese período se propagó en la conciencia popular el sentimiento y el espíritu de igualdad ... Ello explica en gran parte los rasgos espitiruales de nuestro pueblo : rebelde, igualitario, democrático a pesar de la explotación ... En él están ausentes las manifestaciones conscientes o subconscientes de la inferioridad social que se puede notar en otros pueblos, o en ciertas capas populares de otras naciones...” (Irazábal, 1974 :196).

CONCLUSIONES.

La obra histórica de Ezequiel Zamora se relaciona directamente con las aspiraciones democráticas y sociales de las grandes mayorías explotadas de Venezuela. Cuestiones como el carácter popular del ejército venezolano[25], así como el espíritu de igualación social que prevalece entre los venezolanos al margen de toda discriminación clasista o étnica, son en parte el resultado de sus acciones durante la Guerra Federal. Ciertamente su obra no pudo ser completada en su momento, debido a la muerte prematura del General de Hombres Libres. Pero reivindicar su ejemplo sigue siendo necesario en la medida en que aún se plantea en Venezuela la conquista de una verdadera democracia popular, que satisfaga ese deseo igualitario que insurgió en suelo patrio desde hace más de doscientos años.


FUENTES BIBLIOGRAFICAS.


* ARELLANO MORENO, Antonio. 1982. Orígenes de la economía venezolana. UCV. Caracas.
* BANKO, Catalina. 1996. Las luchas federalistas en Venezuela. Monte Avila Editores - CELARG. Caracas (Venezuela).
* BRITO FIGUEROA, Federico. 1985. El problema tierra y esclavos en la Historia de Venezuela. UCV. Caracas.
* BRITO FIGUEROA, Federico. 1987. Historia económica y social de Venezuela. Tomo IV. UCV. Caracas.
* BRITO FIGUEROA, Federico. 1981. Tiempo de Ezequiel Zamora. UCV. Caracas.
* BRITO FIGUEROA, Federico. 1983. La estructura económica de Venezuela colonial. UCV. Caracas.
* CARDOZO, Arturo. 1987. Proceso histórico de Venezuela. Tomo II. 2da. edición. Caracas.
* CARRERA DAMAS, Germán. 1972. Aspectos socioeconómicos de la guerra de independencia. UCV. Caracas.
* CARRERA DAMAS, Germán. 1985. Formulación definitiva del Proyecto Nacional : 1870-1900. Cuadernos Lagoven. Serie Cuatro Repúblicas. Caracas (Venezuela).
* CARRERA DAMAS, Germán. 1986. Venezuela : Proyecto Nacional y Poder Social. Editorial Crítica. Barcelona (España).
* CARRERA DAMAS, Germán. 1991. Una nación llamada Venezuela. Monte Avila Editores. Caracas.
* CASTILLO, Ricardo. 1996. La Guerra Federal. En : Historia para todos. Nº 16. Consejo Nacional de la Cultura. Caracas (Venezuela).
* DUPOY, Walter. 1975. La conjura de los negros en la Caracas de 1831 según el diario de Sir Robert Ker Porter. En : Cuadernos Afro-Americanos. Nº1. UCV. Caracas.
* GARCÍA PONCE, Antonio. 1982. Panorama de un período crucial en la historia venezolana. Estudio de los años 18401847. Academia Nacional de la Historia. El libro menor. Nº 29. Caracas (Venezuela).
* HALPERIN DONGHI, Tulio. 1972. Hispanoamérica después de la independencia. Biblioteca América Latina. Nº17. Paidós. Buenos Aires (Argentina).
* IRAZABAL, Carlos. 1974. Hacia la Democracia. Tercera Edición. José Agustín Catalá, Editor. Caracas (Venezuela).
* ----------. 1980. Venezuela esclava y feudal. Editorial Ateneo de Caracas. Caracas (Venezuela).
* LANDAETA ROSALES, Manuel. 1961. Biografía del valiente ciudadano General Ezequiel Zamora. Ediciones conmemorativas del Primer Centenario de la Revolución Federal. Junta de Gobierno de la República de Venezuela. Caracas (Venezuela).
* MUJICA, Héctor. 1982. La Historia en una silla. ¿Quiénes fueron los Guzmán ? UCV. Ediciones de la Biblioteca. Caracas (Venezuela).
* NAVARRO, Emilio. 1976. La Revolución Federal. 1859 a 1863. Colección Ezequiel Zamora y su tiempo. Oficina Central de Información. Caracas.
* PEREZ ARCAY, Jacinto. 1977. La Guerra Federal. Consecuencias (tiempo de geopolítica). Colección Ezequiel Zamora y su tiempo, nº11. Oficina Central de Información. Caracas.
* TROCONIS DE VERACOECHEA, Ermila. 1981. Aspectos generales de la esclavitud en Venezuela. En : Revista Tierra Firme Nº8. Editorial Trópykos. Caracas.

Maracaibo, febrero de 1999.

[1] “A quienes en el curso de las guerras habían ascendido a altos cargos militares, el Estado, en recompensa a sus servicios, les otorgó tanto haciendas y hatos que habían sido confiscados a los realistas, como grandes extensiones de tierras baldías”. Salvador de la Plaza. El problema de la tierra. Volumen V. p.78.

[2] Es sabido que Bolívar y demás jefes patriotas tuvieron que decretar la libertad de los esclavos que se incorporaran a la lucha de independencia, y la igualdad de los ciudadanos ante la ley, como una forma de poder contrarrestar el poder que alcanzaron los realistas, con Boves a la cabeza, en 1814.

[3] Las críticas hechas por los liberales a la forma de actuación del Banco Nacional provoca la apertura de un juicio contra Antonio Leocadio Guzmán, en su condición de responsable de la imprenta El Venezolano. Pero la congregación de miles de personas en el tribunal el día del juicio (9 de febrero de 1844), presiona el veredicto de absolución para Guzmán.

[4] El pueblo asalta el Congreso y acaba con el gobierno de la oligarquía conservadora, fortaleciéndose en el poder José Tadeo Monagas, apoyado por los liberales.

[5] Concluida la guerra de independencia, la conjura de los negros de Caracas en 1831, reseñada en el diario del cónsul británico Robert Ker Porter, se proponía instaurar en Venezuela un “segundo Haití”, pasando por las armas a la población blanca.

[6] “En las ciudades y los campos los hombres se alzan, se juntan en guerrillas orientando su instinto hacia aquel nombre mesiánico oloroso a sangre y humo que vuela en los aires como una consigna: ¡Zamora! Hay algo mágico en este hombre, algo que exalta la imaginación de los seres humildes y les enciende hogueras en los corazones. No le han visto, no le han oído, pero todo a su alrededor les habla de él” (Ramón Díaz Sánchez. 1953. Guzmán, Elipse de una ambición de poder. Ediciones Hortus. Caracas. P.442). Este mesianismo que rodeó a Zamora vuelve a envolver desde hace siete años el nombre de Chávez.

[7] Lo que demuestra que en materia de fraudes electorales, las clases dominantes venezolanas han tenido una larga y fecunda experiencia.

[8] Citado por Brito Figueroa. Tiempo de Ezequiel Zamora. UCV. Caracas. 1981. p.471.

[9] “La guerra federal adquiere progresivamente un nuevo matiz en la medida que los sectores explotados se incorporan a la lucha en busca de sus propias reivindicaciones”. Catalina Banko. Las luchas federalistas en Venezuela. 1996 : 177.

[10] Armas Chitty, J.A. Vida política de Caracas en el siglo XIX. p.107. Caracas.1969. Citado por Brito F. ob.cit. p.457.

[11] El biógrafo de Zamora, Laureano Villanueva, menciona la conocida frase de Zamora : “Lo que debe cogerse son los ganados, bestias y tiendas de los godos, porque con esas propiedades es con lo que ellos se imponen, y oprimen al pueblo. A los godos se debe dejar en camisa, pero la gente del pueblo, igual a usted, se respeta y se protege”. Citado por Irazábal. Venezuela esclava y feudal. p.250.

[12] Como : “Horror a la oligarquía”, “Oligarcas temblad”, “Tierras y hombres libres”, “Igualación social”, “el imperio de la mayoría”, de acuerdo a las investigaciones de Federico Brito Figueroa y otros autores (como Villanueva, Irazábal, Pérez Arcay, etc).

[13] “Con Ezequiel Zamora nace otro tipo de caudillo, cuyo poder no se sustenta en la propiedad latifundista, al estilo de Páez o de los Monagas, ni en el control coercitivo de la masa campesina, sino en bases programáticas identificadas con la causa federal y la ‘regeneración’ de Venezuela”. Catalina Banko. Ob.cit. 189.

[14] Ver al respecto las proclamas de Zamora del 7/3/1859 en Coro, del 29/3/1859 en San Felipe y otros documentos que aparecen en la obra de Landaeta Rosales, Biografía del valiente ciudadano General Ezequiel Zamora.

[15] “Existió entonces una nítida diferencia entre dirigentes y masa en lo concerniente al contenido de la federación” (Irazábal, 1980 :251).

[16] Al respecto mencionemos estas palabras dichas por Zamora : “...todo con el propósito de infundir a la tropa amor al pueblo y odio a los ricos, aunque fueran liberales...”. Citado por Carrera Damas (1985 :22).

[17] El plan militar desarrollado por Zamora en la batalla de Santa Inés es considerado una acción magistral por teóricos del arte militar, como el coronel Jacinto Pérez Arcay (1977: 119-133).

[18] Zamora tenía bajo su mando, al momento de su muerte, a 23.500 soldados de los tres ejércitos federales que lo habían reconocido como Jefe. Luego de Santa Inés la oligarquía caraqueña inició planes urgentes para huir hacia las Antillas (Brito Figueroa, 1981 :435).

[19] “El carácter de Zamora es el de un hombre sobrio y dueño de sí mismo. Su conducta privada es casi monacal. No bebe. No juega. Come sobriamente. Su cultura no es muy amplia, pero conoce bien su oficio militar. Un poco de Historia Antigua y mucho de historia nacional le sirven para dialogar con gentes cultas, que seguramente han debido asombrarse de la cultura de este jefe de montoneras”. Héctor Mujica. 1982. La Historia en una silla. ¿Quiénes fueron los Guzmán ? p.125.

[20] Dice Emilio Navarro : “La mayor parte de los que componían el ejército federal pedían someter a juicio criminal al General Juan Crisóstomo Falcón, y juzgarle en Consejo de Guerra...hacíasele responsable de la pérdida directa del ejército federal, que para llevar a cabo sus proditorios planes (complicidad) obraba de acuerdo con nuestros enemigos ; que había sido la causa directa y eficiente del asesinato del General Ezequiel Zamora en San Carlos ; que era el propulsor del crimen confeccionado por él de acuerdo con algunos individuos encubiertos en el ejército exclusivamente para realizar este homicidio...” (ob.cit.,p.117).

[21] Esta afirmación la hacen los jefes federales Jesús María Hernández (correspondencia, Puerto Nutrias, 28/02/1860), Francisco Pulido y Emilio Navarro. Citados por Brito Figueroa (1981: 437).

[22] Rodríguez, Joaquín. Notas de la Guerra Federal. fol.19. La Victoria.1868. Citado por Brito Figueroa (p.441) y por Emilio Navarro (p.115).

[23] “Cuando el 18 de marzo de 1865 el Congreso proclamó presidente al General Falcón, electo democráticamente en los términos de la Constitución de 1864, ... se inició en firme el ensayo de institucionalización del Estado Liberal” (Carrera Damas, 1985 :29).

[24] “El triunfo de la guerra fue también la traición a la insurrección del pueblo. Este es el contenido de clase del tratado de Coche, cuyo objetivo sustancial fue poner fin a la guerra y estrangular la revuelta de la masa campesina” (Irazábal, 1980 :252).

[25] Este carácter popular de las fuerzas armadas venezolanas se comenzó a gestar durante la guerra de independencia. Sin la táctica bolivariana de darle la libertad a los esclavos y la igualdad a los pardos, no hubieran podido sostenerse los quince años de guerra que costó la independencia en el norte de América del Sur. La guerra federal terminó de completar la labor. Sus resultados se observan a lo largo del siglo XX, en donde el ejército venezolano ha jugado un papel en los procesos de cambio sociopolíticos. Insurrecciones militares con un claro contenido progresista, nacionalista y popular, en alianza con fuerzas civiles, han ocurrido en 1928, 1945, 1952, 1958, 1962 y 1992.



http://www.aporrea.org/poderpopular/n150033.html

¿Como debe ser la Fuerza Armada de la Primera Potencia Energetica Mundial?

¿Como debe ser la Fuerza Armada de la Primera Potencia Energetica Mundial?